El cuerpo que habitamos…

La escuela es una institución que no debe elegir a las personas que llegan a ella. No basta con cumplir su función social y hacer que las personas deseen seguir allí; deben acompañarlas.

¿Cómo te sientes cómodo con tu cuerpo?

La escuela debe ser lo suficientemente abierta para aceptar e invitar a padres, maestros, alumnos y todos a compartir una idea de la género-si-edad (infancia transgénero). Esto no es una clase de educación sexual, es solo un comentario…

Que yo no los conozca, no quiere decir que no existan. Que los ignore no significa que haga lo correcto. La Escuela ha excluido –repetidamente- la diversidad de género, como lo ha venido haciendo con la diversidad de saberes (conocimiento tradicional), sentires (inteligencia emocional) y pensares (teoría de la complejidad).

Cuestionar la concepción binaria del género (distinción entre hombre y mujer) en la educación estandarizada es un desafío, no una cuestión de gusto. Para gusto se han hecho los colores… para las dudas, las definiciones…

Diversidad: no es lo opuesto o lo ajeno. Es otra forma de vivir nuestras vidas, libre de prejuicios.

Cisgénero: personas que se identifican con el género que les fue asignado a la hora de nacer.

Transgénero: personas que no se identifican con el género que les fue asignado a la hora de nacer.

Dentro de la comunidad trans hay varias identidades. Pero la forma de saber cómo tratar a estas personas es preguntándoles su nombre. Si les gusta que los llamen por un nombre femenino lo trataremos como una mujer y si le gustan que lo llamen por un nombre masculino lo trataremos como a un hombre.

Transexual: Personas que necesitan cambiar su cuerpo.

Travestis: Personas que se quieren vestir con ropas que socialmente están asignadas al otro género.

Persona neutra: construye su identidad de género fluctuando de lo femenino a lo masculino o viceversa, según se auto percibe.

Orientación sexual: por quién nos sentimos atraído. Si a un varón trans le gustan los varones será gay; si le gustan las mujeres será heterosexual. Si le gustan hombres y mujeres será bisexual. Lo mismo sucede con la mujer trans.

La construcción de la identidad de género es de todos y siempre, interna e individual. No solo es un proceso de las personas trans. Es una construcción humana diaria. Las personas tienen derecho a ser como se auto perciben.

Las identidades trans y la diversidad sexual no constituyen enfermedades mentales. En junio de 2018, la OMS (Organización Mundial de la Salud) dejó de considerar la transexualidad un trastorno mental. En la nueva edición de su manual de enfermedades saca la transexualidad del capítulo de trastornos y pasa a formar parte de un epígrafe denominado “condiciones relativas a la salud sexual”. Se trata de un avance en el camino de la despatologización de la transexualidad, aunque pasa a llamarla “incongruencia de género”. Esta edición (CIE-11) entrará en vigor en 2022 para sustituir a la vigente desde 1990, año en que la homosexualidad salió de la lista

El abordar el género es un desafío social. No es una cuestión de moralidad, sino de humanidad. Somos seres humanos, sujetos móviles que habitamos un cuerpo y lo individualizamos. Todo fluye, nada permanece. No lo digo yo, lo dijo Heráclito.

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