Ingresar a la universidad: oro parece, fácil no es…

Para los estudiantes que quieran ingresar a estudiar Medicina y Formación Docente en las universidades públicas de Ecuador ya no necesitan un puntaje mínimo y tampoco deben aprobar el examen “Ser Bachiller” (calificación referencial). Así lo dijo a Ecuavisa Harvey Sánchez, director ejecutivo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa.[1]  Los puntajes validos oscilan entre los 400 a 1000 puntos y con ello, cualquiera tiene la oportunidad de postular.

¿Cuál es la novedad?

Anteriormente para aprobar el examen era necesario obtener 601 puntos del total de 1000. Mientras que para las carreras de Medicina y Formación Docente el requisito ascendía a 800 puntos.

Tras cinco años de vigencia del Sistema de Admisión y Nivelación, las autoridades consideran que ya no es necesario el anterior requisito porque los aspirantes –señala Sánchez- ya han aprendido suficiente y desarrollados suficientes competencias como para ponerle alguna restricción.

Otros cambios vienen asociados a este. Las universidades públicas serán las que asignen directamente los cupos a los estudiantes y no un organismo estatal. La ventaja estaría en la comunicación directa con las universidades, quienes devuelven el resultado con un cupo o la negativa del mismo.

Estas decisiones facilitan el ingreso a la universidad, pero es solo el principio del problema. Al estudiante le queda pensar bien en la carrera que desea y al Instituto Nacional de Evaluación Educativa garantizar la estabilidad entre ingreso y egreso.

Un informe sobre la educación superior en América Latina y el Caribe que publicó el Banco Mundial (BM) resalta un dato muy positivo: en los últimos 15 años se duplicó, en promedio, la tasa bruta de matrícula: pasó del 21% en 2000 a 43% en 2013. Pero esa buena noticia llegó acompañada de dos malas:

  • a pesar de que hay el doble de estudiantes universitarios, la cantidad de graduados, lejos de aumentar, se redujo drásticamente y
  • solo la mitad de los jóvenes de 25-29 años que comenzaron una carrera universitaria la terminan.

Cerca del 50% de esos que abandonan lo hacen durante el primer año de sus estudios. La investigación atribuye el fenómeno, entre otras cosas a la falta de sistemas de asesoramiento y apoyo a los estudiantes en la región y apunta contra las instituciones y contra las políticas educativas; señalan que el hecho de que aproximadamente el 30% de los estudiantes que abandonan el sistema lo hagan después de cuatro años cuestiona la duración e idoneidad de los programas.[2]

Si esta noticia te viene como anillo al dedo, quizás puedan servirte las siguientes recomendaciones:

  • presta atención a las desventajas asociadas al hecho de asistir a escuelas primarias y secundarias con menos recursos
  • tener antecedentes de bajos ingresos.
  • evita la procrastinación cambiando de perspectiva, comprometiéndote, estudiando en ambientes pertinentes, eliminando las distracciones, superando obstáculos y creando un sistema de recompensas que te ayude a celebrar los logros alcanzados y pequeños “castigos” cuando fallas en algo.
  • aumente la autoeficacia aprendiendo a manejar los tiempos: incluir ejercicios relacionados con las estimaciones de intervalos de tiempo, mejorar la percepción de control de tiempo, y procurar experiencias exitosas de cumplimiento de las tareas a tiempo.
  • procura un tutor o una persona que te ayude en esta carrera que no es de velocidad, sino de resistencia.

 


[1] Video disponible en https://www.facebook.com/anaisyanela.grandacango.9/videos/1023108207868997 el 28/10/2018.

[2] Smink, Verónica (2017). Por qué se ha duplicado el número de jóvenes que van a la universidad en América Latina (y cuál es el lado negativo de este fenómeno).

 

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