Desconexión educativa: jóvenes vs. empleo

Las escuelas enseñan, pero el mercado laboral demanda otras competencias… ¿quién debe cambiar?

Habilidades interpersonales como responsabilidad, comunicación y creatividad son las demandas que el mercado hace a los jóvenes que se incorporan. Esto, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo divulgado en el 2012.[1] 6 años después, ¿qué nos estaremos perdiendo?

Aunque Ecuador no participó en ese estudio, cerca de 1.200 empresas en Chile, Argentina y Brasil respondieron a una encuesta sobre la demanda de habilidades en sectores que suelen absorber trabajadores egresados ​​de la enseñanza secundaria.

¿A la hora de contratar a jóvenes, las empresas les asignan más importancia a las habilidades cognitivas o a las habilidades socioemocionales?

De acuerdo con las encuestas, la mayoría de las empresas dan prioridad a las habilidades socioemocionales o flexibles relacionadas con la personalidad. Las empresas asignaron, en promedio, 55 puntos a ese tipo de habilidades, en comparación con 30 puntos a habilidades de conocimiento y apenas 15 puntos a aquellas que reflejan el conocimiento técnico de las tareas a realizar, conocidas como específicas.

Cerca del 80% de las empresas informan que las habilidades más difíciles de encontrar son las que se relacionan con el comportamiento, como la empatía, la adaptabilidad, la cortesía, la responsabilidad y el compromiso, entre otras. Al menos el 30% de las empresas considera que la formación recibida en la escuela secundaria no es suficiente para el desempeño de las tareas requeridas.

Según Marina Bassi, especialista en educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “la escuela no les da las herramientas que el mercado de trabajo pide y se enfrentan a una realidad en la que no logran progresar”.[2] La escuela debe integrar el desarrollo de habilidades socioemocionales, reformando no sólo el contenido curricular, sino también las prácticas pedagógicas. El sistema de evaluación debe integrar no sólo conocimientos académicos, sino también habilidades socioemocionales relevantes para el desarrollo en el trabajo y en la vida.

Por su parte, los jóvenes perciben una incongruencia entre los conocimientos trasmitidos en la escuela y aquellos que se consideran relevantes para ingresar al mercado laboral. La situación es más compleja en los jóvenes que provienen de familias de bajos ingresos, dado que poseen menor capital educativo y social que sus pares de otros niveles socioeconómicos, y no acceden a redes de relaciones que les permitan acceder a empleos que valoren su capital acumulado.

Luego de doce años de estudio, se llega a sentir que todo fue por gusto (¿de quién?) y que para insertarse al mercado laboral se necesitan otras competencias, que hay que empezar a gestionar. De allí que las políticas educativas deban trabajar con mayor pertinencia y eficacia en la adecuación de los contenidos según la integralidad y relevancia.

La baja calificación se une a la inserción en empleos de baja productividad. En Argentina, Ecuador y Uruguay es creciente el número de desocupados con periodos de desempleo superiores a un año, sugiriendo niveles altos de selectividad en la búsqueda de trabajos.[3]

La situación se torna aún más compleja si tomamos en cuenta que largos periodos de desempleo deterioran el capital humano de los jóvenes, afectan la capacidad productiva inhibiendo: la independencia económica, la formación de familia, la integración a la sociedad civil y la asunción de los roles como ciudadano. Por otra parte, el desempleo es evaluado como negativo por los empleadores, quienes usan el antecedente laboral como factor de elección de la mano de obra.

 


[1] Basado en un estudio, titulado “Disconnected – Habilidades, educación y empleo en América Latina”.

[2] Consultado el 29/10/2018 en: https://www.iadb.org/pt/noticias/artigos/2012-03-06/mercado-de-trabalho-e-juventude-na-america-latina%2C9823.html

[3] Ernesto Abdala (2002). Jóvenes, educación y empleo en América Latina.

 

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