¿Cómo educar en resiliencia?

Resiliencia es la capacidad de los seres humanos para sobreponerse a situaciones de crisis. Los niños se ven enfrentados a situaciones que requieren capacidad para resistir o sobreponerse, por ejemplo: luto temprano, abandono, abuso, violencia sexual, etc.

Los estudios muestran que los niños pueden hacerles frente a situaciones difíciles, y que el futuro es menos sombrío si tienen mentores de desarrollo a su alrededor. Puede ser una familia anfitriona, un educador, una reunión con un maestro o simplemente un adulto comprensivo.

Dos pasos son fundamentales para educar en resiliencia:

  1. Resistencia ante la adversidad. Mantener una actitud positiva para no dejarse vencer por las circunstancias. Cuando se presente un problema, dificultad o conflicto debes poder actuar con objetividad, calma, sentido del humor y tomar decisiones que te sitúen un paso adelante.
  2. Capacidad de reponerse y continuar adelante. Debes aprender de los errores y ver las circunstancias desfavorables como oportunidades de mejora. Es importante mantener la confianza, perseverar, ser coherente y pensar en el futuro. También se recomienda buscar ayuda en personas positivas, de buen ánimo, buena vibra y apoyarnos en ellas para seguir, siempre adelante.

Desarrollar en los niños un cerebro flexible es una meta que, cuando se logra, tiene un valor tremendo. Las siguientes estrategias contribuyen a ello:

  • Promover lazos fuertes y un apego saludable: ser la mejor referencia para los niños. La conexión emocional es esencial para desarrollar la capacidad de resiliencia.
  • Fortalecer las funciones ejecutivas. Proporcionar recursos para que puedan resolver los problemas que enfrentará, para enfocar su atención y para ser creativo ante los desafíos, ya sean grandes o pequeños. Todo esto evitará que queden paralizados por el miedo o la angustia.
  • Practica la atención plena. Ser capaz de conectarse con el momento presente de una manera relajada mejora la conexión cerebral, libera el estrés y promueve el fortalecimiento de las funciones ejecutivas.
  • Transmitir la idea de que son competentes y capaces. Diariamente deben considerarse que son competentes, como alguien que puede aprender de los errores para mejorar.
  • Transmitir optimismo. Mostrarles que cualquier realidad que pueda contener matices problemáticos puede considerarse en términos de superación personal.

Los niños deben aprender a no derrotarse por lo feo, difícil o molesto que nos pase en la vida. Aunque se caigan y/o se ensucien, se pueden recuperar. Deben aprender a usar sus habilidades para enfrentar su situación, aprovechando su experiencia positivamente.

Ayudémosle a entender que, con cada golpe de la vida, mejoramos nuestra forma de ser y la visión que tenemos del mundo.

 

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