Mafalda: retrato de la clase media

“La familia es la base de la sociedad”, lee Miguelito. Entonces se pregunta, compungido: “¿La de quién? La mía no tiene la culpa de nada”.

La clase media es el terreno natural de la tira. Pero en ese microcosmos social de barrio porteño en los años ’60 cada personaje estaba diferenciado por su ideología y aventura generacional. Mafalda era la abanderada de una clase media argentina que se había creído lo que le habían prometido y exigía que le cumplieran las promesas.

La creación de Quino, más que retratar la cotidianidad y los cambios sociales de la década de los ’60, condensó las características de una clase media posmoderna que aún hoy en día tienen vigencia.

El padre de Mafalda es empleado de una compañía de seguros, y su madre, un ama de casa aletargada. Ambos nadaban en la resignación. Es la niña la que manifiesta sus deseos de que las cosas vayan mejor.

Tal como refiere Valentina Coccia en el texto Mafalda y el arte de retratar la clase media: “La identidad de clase se define siempre por el contraste: la relación con los otros es siempre la medida de lo que uno es. En el universo de Mafalda las calles del barrio son lugares de interacción donde los personajes descubren los límites de su mundo y lo contrastan con universos ajenos. En Mafalda son muy escasos los encuentros con niños de sectores populares o con los niños de clase alta. Sin embargo, el barrio, permeable a otros mundos, se convierte en el lugar propicio para que Mafalda y sus amigos descubran la ascendencia social a la que pertenecen y los problemas que esto implica”.

Mafalda, además de mostrar que la clase media era una posición ventajosa e incómoda a la vez, logró retratar sus contrastes, sus pequeñas enemistades, sus hechos risibles y los personajes “tipo” que la conforman. El encuentro por las cuadras del barrio con Susanita, Manolito, Felipe, Miguelito y Libertad hace del pequeño universo de Mafalda una radiografía de los distintos prototipos “clasemedieros”.

Manolito es el hijo del tendero del barrio, Don Manolo, que viene de España. El personaje de Manolito tiene un único interés: lograr el éxito comercial del almacén de su padre y tener una gran cadena de supermercados cuando crezca. Toda su moral gira entorno a la ganancia, y juntándolo con los comportamientos típicos del “gallego bruto”, el niño es el irónico ensamble de dos estereotipos sociales: el inmigrante de comienzo y mediados de siglo, y el emprendedor advenedizo. Manolito es entonces el más vivo retrato de las ínfulas modernizadoras de los empresarios inmigrantes en contraste con la mentalidad primitiva que la sociedad anfitriona creía que tenían. El personaje, que pulula todavía en los escalafones de la actualidad, nos muestra lo caricaturesco no solo de la mentalidad arribista, sino también de la visión que en muchas partes del mundo se tiene sobre los inmigrantes en general.

Susanita, por su parte, se presenta desde el comienzo como el alter ego de Mafalda. Con su cabello rizado, su muñeco en brazos y su mentalidad de madre, la niña representa a la mujer concebida tradicionalmente. Susanita es sentimental, pero sobretodo le da vida a la mirada hipócrita de la clase media hacia el mundo.

La historiadora uruguaya Isabella Cosse tiene un libro titulado: Mafalda, historia social y política, explica en una entrevista: Mafalda nos permite pensar dos fenómenos en relación a la clase media de los años 60 en Argentina:

  1. La emergencia de una identidad de clase media intelectual progresista, a la que Mafalda da cuerpo. Esta niña, desde su primera presentación, es concebida como una niña, que pone cara y da forma a esta identidad de clase media progresista intelectual que resulta relativamente nueva en términos de su masividad. Por supuesto que existían personas de esta clase social, pero lo que no existía es un prototipo, una figura, que convocase masivamente la significación que tenía y que iba a tener cada vez más este segmento social.
  2. La complejidad de la clase media. A medida que el personaje va complejizándose, la historieta introduce nuevos protagonistas que expresan diferentes prototipos sociales. Por ejemplo, el prototipo de Susanita, la mujer burguesa, preocupada por el qué dirán, por los niños, la familia, el matrimonio; o el de Manolito, el inmigrante gallego (español), cuyo máximo objetivo es hacer dinero.

Con estos prototipos diferentes la historieta compone una imagen de una clase media heterogénea a partir de las tensiones y las disputas que dividían a ese sector social como las que se instalan entre Mafalda y Susanita, entre Susanita y Manolito. Es decir, la tira pone en juego una idea de la clase media atravesada por contiendas culturales y políticas que se materializan en los propios personajes, aunque esto no impide que la clase media aparezca también como una unidad, una unidad en la diferencia.[1]

 


[1] https://notasperiodismopopular.com.ar/2015/09/17/mafalda-clase-media-tercer-mundo-feminismo/

 

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