El mundo: una mirada infantil

Mafalda nació para publicitar electrodomésticos y al dibujante se le antojaba como una chiquitina caprichosa. Cuando empezó a publicarse con más regularidad tuvo que aprender a escucharla. “Se trata más de meter el bisturí que de hacer cosquillas”, sostuvo siempre Quino para reforzar el carácter incisivo de la tira y alejarla de la simple carcajada.

Mafalda es una niña aguda que ya cumplió 50 años. Su primera aparición ocurrió en 1964 y sus tiras cómicas no dejaron de imprimirse hasta 1973. Esos nueve años fueron suficientes para dejar una impronta en la historia de nuestro continente. Después que Mafalda se retiró de la “vida pública”, pocas veces Quino la hizo reaparecer. Una de estas pocas veces fue en el año 1976, para promover la Declaración Universal de los Derechos del Niño (UNICEF). Una vez más asumió su papel de luchadora contra la injusticia y protectora de los infantes.

Es una niña con la perspicaz mirada de adulto que está preocupada por el futuro del mundo y que se pregunta permanentemente sobre la vida y los problemas de las personas que habitan este planeta.

Es la hija mayor de una familia de clase media en Buenos Aires, que bien puede ser cualquier familia latinoamericana. Vive en un apartamento en un barrio de trabajadores. Su madre (Raquel) es una ama de casa argentina de clase media de los años sesenta, ocupada de lo que ocurre en su microclima hogareño: cocina, lava, plancha y hace las compras, pero aparentemente no maneja el auto. Inició estudios universitarios y estudió para ser pianista profesional, pero abandonó su carrera luego de haberse casado, hecho que Mafalda le recrimina en varias ocasiones. Su padre odia la televisión y adora las plantas. Es un empleado de oficina, hombre probo que trabaja como corredor en una compañía de seguros. Procura en todo momento la mesura en el gasto familiar y no comprende bien los avances y retos que plantean las nuevas generaciones. Las dudas que le plantea su hija con respecto a los males del mundo lo ponen en entredicho en más de una ocasión.

Tiene un hermanito, Guille, el único personaje que crece físicamente a lo largo de la tira. Inicialmente, se expresaba con defectos de pronunciación y usaba un chupete, pero más tarde abandona ambos. Guille protagoniza de continuo las travesuras domésticas propias de los niños de primera infancia. A pesar de su inocencia le gusta Brigitte Bardot, tiende a ser algo irreverente (llama a sus padres «los viejos») y le encanta la sopa, lo que suele provocar la ira y el asco de su hermana. Mafalda y Guille tienen de mascota una tortuga llamada Burocracia, que al igual que Mafalda, detesta la sopa y es prueba de nuestra cotidianidad.

Mafalda pasa la mayor parte del tiempo con un grupo de amigos del barrio:

Susanita es una niña parlanchina, pendenciera, chismosa —nada de lo que pasa en su vecindario ocurre sin que ella se entere— y en ocasiones altanera; puede llegar a ser agobiante para el resto del grupo, aunque ella no lo percibe. Es despectiva de los pobres, admiradora de la oligarquía y más preocupada por la imagen y la moda que el resto de sus amigos. Sus pasatiempos favoritos son jugar con Mafalda a representar situaciones sociales propias de los mayores (juego de la mamá, juego de tomar el té), así como discutir con Manolito, a quien desprecia por rústico e ignorante. Es enamoradiza y muestra interés romántico por Felipe, quien no le corresponde. Es también egoísta y rencorosa, pero valora la gran amistad que le une a Mafalda. Su máxima aspiración es casarse, ser una madre de clase social acomodada y tener muchos hijos, asumiendo el rol tradicionalmente asociado a la mujer. Contrasta fuertemente con la actitud de Mafalda, más intelectual y concienciada de la liberación de la mujer y de la igualdad entre los sexos. Susanita encarna una reflexión sobre el papel de la mujer en la sociedad y otros temas complicados como el racismo y el clasismo. Físicamente, es rubia y tiene bucles, lo que le da un aspecto similar al de su madre.

Manolito, quien está pensando todo el tiempo en dinero y negocios, pero que es completamente ignorante sobre cualquier otro tema. Hijo de un comerciante de barrio, el propietario del almacén «Don Manolo». Representa las ideas capitalistas y conservadoras dentro de la historieta; además de constituir una caricatura del inmigrante gallego. Es tosco, ambicioso y materialista, pero no malintencionado. Además de acudir a la escuela —cuestión para él secundaria—, ayuda a la venta y distribución de mercancías en el almacén de su padre y le interesa estar al tanto de todas las operaciones de entrada y salida de dinero de la tienda. A diferencia del resto de los personajes, a Manolito le gusta la sopa y desprecia a Los Beatles y las tendencias juveniles de los años sesenta. Parece carecer de fantasía e imaginación, aunque demuestra un gran oportunismo comercial (vende a sus amigos dulces a crédito con intereses, inventa maneras de publicitar el almacén de su padre y hasta huele una moneda a distancia). Su mayor aspiración es convertirse en un importante ejecutivo dueño de una cadena de supermercados, y enviar a Rockefeller a la quiebra. Físicamente, lleva el pelo cortado a modo de cepillo y tiene la cabeza más cuadrada que la de sus amigos. Salvo por el vello facial, es idéntico a su padre y a su hermano mayor.

Miguelito, es la ingenuidad. Es un año menor que su amiga Mafalda. Es más soñador que Felipe y acostumbra hacerse preguntas complejas y absurdas sobre la realidad. Es también más inocente que el resto de la pandilla de amigos, y pasa de etéreas reflexiones («¿Cómo hará el tiempo para doblar las esquinas en los relojes cuadrados?») a típicas quejas de niño («¡Siempre yo, siempre yo!… ¿no puede ir otro a hacer los mandados?»). Hijo único, suele discutir con su madre —aparentemente estricta— sobre sus deberes infantiles. Es algo egoísta y un enfervorizado defensor de Benito Mussolini; entusiasmo que le fue inculcado por su abuelo. Es directo y sincero con las personas, pudiendo llegar a parecer cruel en algunos momentos, pero aceptando con humildad y sin acritud las críticas recibidas. Su cabello recuerda, a decir de sus amigos, a una planta de lechuga y siempre viste un overol con tiradores.

Felipe es un niño soñador con una vívida imaginación y absolutamente ningún interés por la escuela. Va un curso más arriba que Mafalda en la escuela primaria y sin embargo su personalidad es más simple e ingenua. Perezoso, soñador, tímido y despistado; vive agobiado por sus tareas escolares. Ve la vida de manera más sencilla que Mafalda y de forma más acorde con su edad. Le gusta leer tiras cómicas de “El llanero solitario”, escuchar a Los Beatles, y jugar al ajedrez. Muestra interés por una niña llamada Muriel, quien no parece percatarse de su existencia. Vive en el mismo edificio que Mafalda y su familia. Físicamente, tiene cabello claro y lacio, con los dientes incisivos superiores sobresalientes.

Libertad fue el último personaje en unirse a la pandilla. Es muy bajita de estatura, al punto de que Guille es más alto que ella, lo cual es motivo de comentarios recurrentes de los demás personajes, en un obvio guiño político. Su personalidad es incendiaria y proyecta abiertamente ideas políticas en contra del sistema establecido. Es el único personaje más liberal que Mafalda, contrastando con los más conservadores Manolito y Susanita. También es el personaje que más conversa con Mafalda sobre temas sociopolíticos, y ambas parecen concordar ideológicamente, salvo por el hecho de que Mafalda es más realista. El padre de Libertad es socialista y tiene un empleo al que no valora (un «puestucho de morondanga», como refiere Libertad); su madre es traductora de francés. Libertad aspira a que el pueblo tome conciencia de la situación de su país, se levante en una revolución social y cambie las estructuras de la nación. Dice gustar de las personas y cosas simples, pero al tratar de explicarlo cae en una retórica muy confusa. Pretende convertirse en traductora de francés como su madre.

Las cosas que la pasan a Mafalda, a su familia y a sus amigos, parecen no trascender las actividades cotidianas de una niña cualquiera: los juegos, el colegio o las formas para evitar que su mamá le sirva sopa.[1]

Umberto Eco definió a Mafalda como “una heroína iracunda que rechaza el mundo tal cual es, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres”.

 

 

[1] Textos consultados: http://eju.tv/2014/09/mafalda-5-claves-que-la-definen-y-la-hicieron-emblematica/,  https://www.revistaesfinge.com/filosofia/humor-filosofico/item/1171-mafalda-la-pequena-filosofa-2-parte

 

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