¿Cuánto sabes del Holocausto?

El Tercer Reich se impuso como uno de sus objetivos prioritarios la reestructuración racial de Europa. En ella, desempeñó un papel fundamental el antisemitismo, que se vinculó a una ideología o concepción del mundo milenarista que proclamaba que «el judío» constituía el origen de todos los males, en especial del internacionalismo, el pacifismo, la democracia y el marxismo, y que era el responsable del surgimiento del cristianismo, la Ilustración y la masonería.

Se estigmatizaba a los judíos como «un fermento de descomposición», desorden, caos y «degeneración racial», y se los identificaba con la fragmentación interna de la civilización urbana, el disolvente del racionalismo crítico; se hallaban detrás del «cosmopolitismo desarraigado» del capital internacional y de la amenaza de la revolución mundial. Eran el enemigo mundial contra el cual el nacionalsocialismo definió su propia y grandiosa utopía racista de un Reich que duraría mil años.[1]

La ejecución del genocidio tuvo como soporte a la sociedad alemana, la más moderna y con más nivel de desarrollo técnico de Europa, y que contaba con una burocracia organizada y eficiente.[2] El Partido nazi, que tomó el poder en Alemania en 1933, tenía entre sus bases ideológicas la del antisemitismo; el odio hacia los judíos era presuntamente racial. Cada brazo del aparato del Estado alemán participó en la logística del genocidio, convirtiendo al Tercer Reich en un Estado genocida.

Los nacionalistas alemanes consideraban que ser judío era una condición innata, que no desaparecía por mucho que uno intentara asimilarse en la sociedad cristiana. Por otro lado, creían ser el Estado nación caracterizado por la homogeneidad cultural y lingüística de su población, perteneciente a otra raza. Desde tal punto de vista, era inasimilable a la cultura alemana asimilar a los judíos; debían ser segregados y excluidos del cuerpo social. Frente a la raza judía, colocaban a la raza aria, sosteniendo que solo esta última constituía la nación alemana, la única llamada a dominar Europa.

Entre 1941 y 1945, la población judía de Europa fue perseguida y asesinada sistemáticamente, en el mayor genocidio del siglo XX. Este exterminio se extendió a otros grupos étnicos y políticos. ​Las víctimas no judías incluyeron a civiles y soldados de la Unión Soviética, católicos y civiles de Polonia, serbios, personas discapacitadas, homosexuales, testigos de Jehová, pueblo romaní y sinti (gitanos), gente eslava.[3]

Para entender la respuesta de los británicos y estadounidenses hay que ubicar el contexto del hecho. El antisemitismo presente en Europa Occidental y Estados Unidos,[4] además de los problemas económicos derivados de la Gran Depresión, contribuyeron a que no realizaran un esfuerzo significativo de salvamento de judíos europeos durante el Holocausto.

Para el psicólogo social Harald Welzer, estudioso del comportamiento de las sociedades ante las catástrofes sociales, la irracionalidad de los motivos no influye en la racionalidad de la acción, cosa que se verificó en el Holocausto y también corrobora un enunciado de William Thomas: «Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias».[5]

 

 

[1]  Wistrich, Robert S. Hitler y el Holocausto.

[2] Ídem.

[3] Tomado de https://www.bbc.co.uk/newsround/16690175

[4] El antisemitismo, en mayor o menor medida, estuvo presente en Europa Occidental y Estados.

[5] Harald Welzer, Guerras climáticas: por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI. Klimakriege: wofür im 21. Jahrhundert getötet wird, 2008.

 

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