La incertidumbre, clave para la resiliencia

Lo que es novedoso no es incertidumbre; lo novedoso es darse cuenta que la incertidumbre está aquí para quedarse … Por lo tanto, nos enfrentamos a la tarea de vivir permanentemente con incertidumbre.

 Es parte de lo que Zygmunt Bauman denominó: modernidad líquida. “Una sociedad que ya no mantendría la ilusión de que todo cambio acarrearía una solución permanente”. En esencia, una realidad que consiste en una ruptura con las instituciones y las estructuras fijadas. Las personas se han visto obligadas a desprenderse de los patrones y las estructuras sociales, y crear su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida.

El intercambio cultural, la apertura de mercados y la globalización han conducido al ser humano a alejarse de todo lo que lo mantenía interactuando en sociedad. La sociedad líquida se basa en el individualismo y se ha convertido en algo temporal e inestable que carece de aspectos sólidos. Todo lo que tenemos es cambiante y efímero, en comparación con las estructuras fijas del pasado.

Las formas e instituciones sociales ya no tienen tiempo suficiente para consolidarse y no pueden servir como marcos de referencia para acciones humanas y planes de vida a largo plazo, por lo que los individuos tienen que encontrar otras formas de organizar sus vidas. Tienen que unir proyectos y episodios a corto plazo, que no se vislumbran como progreso, de manera significativa.

Las vidas fragmentadas requieren que los individuos sean flexibles y adaptables, que estén constantemente preparados y dispuestos a cambiar las tácticas a corto plazo, a abandonar los compromisos y las lealtades sin arrepentirse y a buscar oportunidades de acuerdo con su disponibilidad actual. En la modernidad líquida, el individuo debe actuar, planificar acciones y calcular las ganancias y pérdidas probables de actuar (o no actuar), en condiciones de incertidumbre enraizada.

Las personas han cambiado su modo de pensar: de la idea de existir, a sobrevivir. Las expectativas se han abreviado mientras aumenta la esperanza de vida. La conclusión razonable que extrae la gente es que tiene que sobrevivir, que centrarse en sí misma. No se puede fiar de nadie más. A la incertidumbre la acompaña la libertad de lo desconocido.

La sociedad ya no mantiene la ilusión de que todo cambio acarrea una solución permanente. Todo es movilidad.

La incertidumbre se debe a transformaciones como:

  • La separación del poder y la política.
  • El debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegían al individuo.
  • La renuncia al pensamiento y a la planificación a largo plazo. El olvido se presenta como condición del éxito.

En este contexto debe fluir la resiliencia, que exige a los individuos ser flexibles, dispuestos a cambiar de tácticas y renunciar a compromisos y lealtades.

Debemos estar preparados para afrontar nuestro peor miedo: ¿qué futuro nos espera?


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