Tratado de cielos abiertos

¿Qué es un tratado?

Un tratado es una exposición integral, objetiva y ordenada de conocimientos sobre una cuestión o tema concreto. Se dirige a un público especializado que desea profundizar en una materia, por ese motivo ha de estar elaborado con una lengua clara y accesible, fecunda en precisiones de todo tipo, definiciones, datos y fechas, que se aportan con frecuencia, en el llamado aparato crítico. Su intención es informativa y exhaustiva: pretende agotar un tema, no explorarlo u opinar sobre él, que es lo que se propone el género opuesto, el ensayo.

Tratado de los cielos abiertos

El Tratado de Cielos Abiertos entró en vigor el 1 de enero de 2002 y actualmente cuenta con 34 Estados Miembros. Establece un programa de vuelos de vigilancia aérea sin armamento sobre el territorio de todos los países participantes. El tratado está diseñado para mejorar el entendimiento y confianza entre todos los participantes, independientemente de su tamaño, mediante la obtención de información sobre los efectivos y operaciones militares que puedan afectarles. El Tratado de Cielos Abiertos constituye uno de los mayores esfuerzos internacionales en pos de la transparencia militar. El concepto de “observación aérea mutua” fue propuesto inicialmente al Presidente del Consejo de Ministros de la URSS Nikolái Bulganin por parte del Presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower en la Conferencia de Ginebra de 1955. Sin embargo, los soviéticos rechazaron rápidamente la idea, que quedó latente durante años. Finalmente se alcanzó un acuerdo por iniciativa del Presidente (y anterior Director de la Inteligencia Central) George H. W. Bush en 1989. Negociado por los entonces miembros de la OTAN y del Pacto de Varsovia, la firma tuvo lugar en HelsinkiFinlandia, el 24 de marzo de 1992. Los Estados Unidos lo ratificaron en 1993.

Este tratado es totalmente independiente de cualquier otro acuerdo civil de cielos abiertos. Autoriza a los  observadores militares a obtener imágenes de movimientos de tropas y buques en un vasto territorio, desde la ciudad canadiense de Vancouver hasta el puerto de Vladivostok, en el Lejano Oriente ruso. El documento cuenta actualmente con 34 signatarios, incluida Rusia, que lo ratificó en mayo de 2001.

Los elementos básicos del tratado son:

  1. Territorio: todo el territorio de un Estado Miembro está abierto para la observación. Los vuelos de reconocimiento solamente pueden ser restringidos por motivos de seguridad para la tripulación, y no por motivos de seguridad nacional.
  2. Aviones: Los aviones de observación pueden ser los propios del Miembro Observador o bien pueden ser proporcionados por el Observado (modalidad taxi), quedando a elección  
  3. Sensores: Los aviones de reconocimiento cuentan con cámaras de video y fotográficas para su uso durante el día, escáneres infrarrojos y radares. La calidad de las fotografías debería permitir localizar instalaciones y equipamientos militares (por ejemplo, distinguir entre un tanque y un camión), consiguiendo así una significativa transparencia en las actividades militares.
  4. Cuotas: Cada Estado Miembro está obligado a aceptar una cantidad de vuelos de observación, lo que se conoce cuota pasiva. La cuota activa, por el contrario, es el número de vuelos que puede enviar, y debe coincidir con la primera.
  5. Disponibilidad de la información recopilada: Las imágenes recopiladas durante las misiones de observación deben estar disponibles para cualquiera de los Estados Miembros, que solamente cargarían con el coste de su reproducción. De esta manera, la cantidad de datos disponible para cada Estado Miembro es muy superior a la que podrían obtener ciñéndose al sistema de cuotas.

Historia del tratado de cielos abiertos

El tratado entró en vigor el 2 de enero de 2002, una vez que Rusia y Bielorrusia completaron el proceso de ratificación. Tras la entrada en vigor del tratado, en agosto de 2002 dieron comienzo de forma oficial los vuelos de reconocimiento. Durante el primer año de vigencia, los Estados Miembros realizaron 67 vuelos.

La regulación militar que gestiona este tratado funciona apegado a las siguientes condiciones:

  • Se prohíbe sobrevolar áreas peligrosas y las zonas de seguridad marcadas 10 millas a lo largo de las fronteras exteriores e interiores de cada Estado.
  • Existe una distancia máxima de vuelo.
  • Cada avión de observación contará con sensores y cámaras panorámicas, videocámaras en tiempo real, visores de infrarrojos e imágenes por radar. Para asegurar que el equipamiento se ajusta a lo acordado, se concede a la aeronave un primer certificado que autoriza a realizar vuelos de prueba durante una semana, tiempo tras el cual se analiza la información recogida.
  • Cada estado sobrevolado puede elegir entre permitir la entrada del avión extranjero de observación o en su lugar proveer un aparato propio plenamente equipado para realizar dicha tarea (modalidad taxi).
  • Los vuelos son realizados por equipos conjuntos.
  • Las imágenes obtenidas podrán ser compartidas con todos los firmantes como forma de vigilar el cumplimiento de posibles tratados sobre control armamentístico.

Para ilustrar el alcance del tratado, Alemania e Italia se autorizan 12 vuelos al año, mientras que RusiaBielorrusia y los Estados Unidos deben permitirse un total del 42.

Actualidad del tema en épocas de COVID-19

En octubre de 2019, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de EE. UU., Eliot Engel, comentó que la Casa Blanca «estaba considerando retirarse del tratado». Renunciar a los acuerdos internacionales que limitaron durante años el uso y proliferación de las armas atómicas, que lograron establecer un clima de cierta distensión y seguridad, es una irresponsabilidad extraordinaria.

Reconsiderar ahora su uso como una alternativa política, no puede ser siquiera una variante. De lo contrario, la hora cero que marca el fin de la humanidad se acercaría demasiado, y las manecillas del reloj del juicio final avanzarían aceleradamente, movidas por la maquinaria de la guerra, la codicia sin límites y la locura.

En la última actualización del jueves, 19 de marzo de 2020 15:40 en HISPANTV, Rusia planea desplegar el radar transhorizonte de nueva generación Kontéiner en Kaliningrado para cubrir toda Europa, incluido Reino Unido.

¿Qué significa transhorizonte?

Hace referencia a radares capaces de detectar blancos más allá del horizonte gracias a las ondas que rebotan en la ionosfera. Facilita una cobertura de miles de kilómetros, mientras el alcance de otros radares no supera decenas o centenares de kilómetros.

Este segundo radar complementará los datos de uno anterior. Los datos procedentes de ambas estaciones se combinarán para aumentar la precisión. El radar de segunda generación puede rastrear lanzamientos de misiles de crucero e hipersónicos a una distancia de hasta 3000 kilómetros.

Espero que el mensaje sea “De Rusia para el Mundo con amor“…

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