Futurabilidad. La era de la impotencia y el horizonte de la posibilidad

Casi un año después de la entrevista concedida por Franco ‘Bifo’ Berardi a Daniel Gigena retomo constructos esenciales asociados a la pandemia del COVID-19 y a cómo esta ha cambiado el paradigma de gestión de riesgos y futurabilidad.

Franco Berardi plantea unas ‘condiciones para la producción de futuro’ y visualiza la posibilidad de salvar el humanismo. Ha sido un activista dedicado a examinar los modos de conexión entre la revolución informática y las transformaciones de la vida social.

A su pesimismo sobre el presente debe haberle caído un balde de agua fría; y sería la mejor opción que nos ofrece. A lo que él llama la era de la impotencia, caracterizada por el retorno del fascismo, las políticas neoliberales, el poder de las leyes financieras y la “guerra civil global fragmentaria” se ha sumado una pandemia que ha puesto en jaque a la sociedad global. Aún en esta realidad, se presentan (si en verdad hubiera energía suficiente) las “condiciones de producción de futuro”.

Su confianza en la interconexión solidaria de trabajadores del conocimiento en una escala global podría dar lugar a un nuevo sujeto de la historia. Su apuesta por una plataforma tecnológica cooperativa que agrupe a ingenieros, artistas, ‘hackers’, científicos, activistas e intelectuales, recién muestra su sentido previsor.

Futurabilidad, ahora, cómo y por qué

Se define la futurabilidad como un principio activo que se refiere a una posibilidad inscrita en el tiempo presente, posible, pero no necesaria ni probable. En 2019 Gigena planteaba que una posibilidad se actualiza solo cuando hay una potencia capaz de actualizarla, y que en ese momento histórico esa potencia faltaba; pero la posibilidad de desimbricación del conocimiento y de la tecnología de la forma capitalista que conocemos no desaparece.

Hizo falta un virus que contuviese la posibilidad de contagiar a todos, para colocar en el centro de la atención el tema de la impotencia y visualizar el horizonte de posibilidades. Llegó el momento en que hay que decidir si la tecnología digital se conecta fielmente con el interés social o con el interés del capital financiero. Por primera vez en la historia moderna estamos experimentando minuto a minuto la impotencia de la democracia frente a las imposiciones tecnofinancieras. 

Hemos trasladado la potencia del cerebro humano a la máquina, pero la máquina ha sido programada según un criterio antihumano: el criterio de la economía financiera.

Franco ‘Bifo’ Berardi

No es menos cierto que el COVID-19 nos ha dado las condiciones de “producción de futuro” como es la creación de conceptos que permiten capturar mentalmente el mundo. Creando incluso un neologismo: “cognitariado”, el cual hace referencia a una nueva clase revolucionaria que conecta a los sujetos cognitivos del mundo que construyen una plataforma de colaboración tecnopoética que permita liberar el conocimiento del dogma religioso y el económico.

Quiero creer con optimismo, incluso con FE en esta idea: “El futuro no se decide en la esfera de la voluntad política. Se decide en la esfera psíquica, lingüística y tecnológica. El único espacio en el cual se podrá determinar una transformación es el espacio de la creación y de la invención. No es la voluntad política, sino la inteligencia social, la que podrá actualizar esa posibilidad si es capaz de desarrollar la potencia necesaria, lo que no es tan seguro”.

En lo personal la futurabilidad me parece un constructo innovador asociado a la inteligencia artificial y explicado por un filósofo que ve luz en lo cuántico. ¿Cómo lo sé? por las propias ideas del autor, por ejemplo: ” Internet ha predispuesto las condiciones técnicas para la construcción del automatismo cognitivo global, para la transformación de la mente social en un enjambre automático. La facultad conjuntiva, que se manifiesta en lo táctil, en el erotismo, en la sensibilidad, no desaparece, pero sufre de una contracción, de una aceleración patógena. Lo conjuntivo, subordinado a lo conectivo, se manifiesta esencialmente como sufrimiento psíquico”.

Este tema no se cierra aquí, sino que se expande a los archivos (material textual y audiovisual) que le han dado una configuración teórica a Franco ‘Bifo’ Berardi como es el caso de Jonathan Franzen, Michel Houellebecq, Amos Oz, las películas de Jia Zhang-ke, Nadine Labaki, Matteo Garrone, Aki Kaurismaki, Emir Kusturica y Gus van Sant como una ayuda para entender el presente y la mutación tardomoderna.

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