La escuela de la esquina es mi única opción

Que la Escuela sea la institución que menos ha cambiado en más de un siglo no es noticia nueva. Que tiene que cambiar, ya es tema viejo. Tiene que cambiar la Escuela como institución, porque si cambia 1 escuela, 10 escuelas, el 10% del total de escuela o las escuelas de 10 provincias del país, no se resuelve el problema.

¿Por dónde comenzar el cambio?

Por aceptar la urgencia de hacerlo. Luego dejar de pensar que hacemos las cosas bien. En Internet hay profesores que enseñan geometría, ciencias, lectura y muchos temas, mejor que usted, que yo y que muchos maestros. El aprendizaje no es sinónimo de dar información, sino servir de guía (facilitadores) para saber dónde encontrarlo y cómo utilizarlo (para qué, cuándo, dónde, por qué).

¿Qué debemos esperar de la Escuela?

  • que ayude a todos los estudiantes a descubrir su vocación,
  • que sea el lugar donde se desarrollan las potencialidades y las capacidades hasta el máximo nivel posible.
  • que desarrolle competencias socioemocionales como trabajar en equipo, aprender a convivir y aprender a transformar.

La labor educativa debe predisponer a la reducción de la ansiedad, a la mejora en la resolución de conflictos y a una mejor convivencia entre todos, como garantía de una paz estable y duradera. No es sencillo hacerlo porque muchas veces depende de recursos económicos, de quienes tienen más para educar mejor.

Las diferencias sociales influyen en cómo se organizan los programas educativos. Hay quienes conocen sobre experiencias exitosas y pagan porque sus hijos las reciban. Hay escuelas, las buenas escuelas, que saben la importancia del nuevo paradigma (educación del siglo XXI) y lo van incorporando.

Pero está la escuela de la esquina, la escuela que brinda más una ayuda social de custodiar a los estudiantes que una función transformadora. Esa escuela es muy importante. Nos han acostumbrado a evaluar mucho y duramente a los alumnos: los que aprueban (con buena nota o mala nota) y los que desaprueban. Pero, ¿cuáles son las escuelas que desaprueban?, ¿dónde lo publican?, ¿a quiénes lo dicen?

La Escuela es buena cuando aprueba un programa que ayude a crecer a todos, no solo a los que sobrepasan la vara que ellas mismas pusieron y nunca han saltado. La escuela de la esquina es la mía, la que tengo, la que quiero porque tiene a mis hijos, y ellos tienen el mismo derecho a una mejor educación. Porque es un derecho de todos, no de los mejores o de los más capaces.

Los que no pueden, tampoco pueden por la Escuela. Claro que podemos debatir mucho sobre esto, pero cerciorémonos de tener todas las cartas sobre la mesa. El conocimiento es una construcción social y lo bueno de uno se mezcla con lo bueno de otro: “Necesitamos una escuela para los últimos, no para los buenos”.[1] “La escuela parece un hospital para sanos, que rechaza los enfermos”.[2]

Hay más escuelas malas que escuelas buenas. Son las escuelas ciegas, porque no saben a dónde mirar. Revisen lo que les enseñan a los estudiantes que están en primaria y secundaria. Luego pregúntense para qué sirve ese conocimiento dentro de 10 años. Si la respuesta es “para nada” o “no sé”, ¿qué sentido tiene impartirlo ahora, si es sabido que al año siguiente los estudiantes ya no se acuerdan de lo que recibieron el año anterior? ¿Cuál es la estrategia a largo plazo?

Mi única opción no es la peor. No hay nada peor a quedarse mirando como la Escuela no mira más allá que la raya que pisa.

 


[1] Francesco Tonucci, maestro y pedagogo italiano. Ilustrador y creador del programa La ciudad de los niños

[2] Lorenzo Milani, educador italiano.

 

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